Aunque el tomate es el fruto de una planta, por razones culturales
se incluye dentro del grupo alimenticio de las
verduras. Está formado en su mayor parte (94%) por
agua, lo
que hace que sea un alimento muy poco calórico.
En su composición destaca la práctica ausencia de lípidos y proteínas y el elevado aporte de vitaminas
que conlleva su consumo, especialmente de vitaminas A y C. Es también fuente de hierro y de fibra.
El tomate que comemos durante la mayor
parte del año proviene del cultivo en invernaderos. La época natural de consumo de tomate criado al sol
sería a finales del verano y comienzos del otoño. Aparte de por su contenido en
vitamina C, el tomate actúa
como antioxidante gracias al
licopeno, un pigmento que le da su color rojo característico y que sólo
se encuentra en esta verdura.
El tomate también contiene ácido oxálico, lo que le confiere un sabor intenso que puede resultar
excesivo para algunas personas.
Principales nutrientes (por cada 100 gramos):